Sara tenía uno de esos días tontos en los que abres el armario y no encuentras nada que te apetezca ponerte.
-No será por falta de ropa, verdad Sara, guapa??
Justo en ese momento, sonó el timbre de la puerta principal de la Biblioteca, -la que da a la entrada de las mayores-, y Sara pasaba por allí de camino desde mi despacho (donde no me había encontrado) a mi cuarto de costura (donde me encontraría unos minutos después) para quejarse por la falta del vestido apropiado que ponerse.
El timbre lo había presionado el bendito cartero, y traía un paquete con una remitente que ya conocemos:
Maribelle, que es como un
hada madrina para las niñas!
No sé cómo ni por qué, Maribelle se había enterado del
drama que estábamos viviendo en la Biblioteca, y presta, había acudido al rescate enviándonos este preciosísimo vestido en tonos
azules,
morados y
beiges, recién sacado de su
Caja de Galletas.
Ni Sara ni yo somos muy de morados, por eso en el guardarropa común no hay muchas prendas ni accesorios de ese color, pero el beige es otro cantar.
Beige tenemos unas cuantas cosas!!
Así que Sara, al grito de "la que lo ve primero, lo estrena!", fue a vestirse con el nuevo regalo y añadió complementos en beige:
de arriba abajo, beanie, bolso bandolera,
medias de ochos y camperas.
El vestido, curioso pero cierto, era de la talla de Sara exactamente. Sus jaretas en el canesú, su cuello a la caja, sus mangas acampanadas ribeteadas de cordoncillo (el mismo que en la cintura), y su preciosa tela de Liberty, habían conseguido cambiar el humor de Sara.
El colorido en azules, grisáceos, morados, e incluso algún toque rosa, le resaltaba sus ojos castaños y
su melena cobriza. Sara, más feliz que una perdiz, fue derechita a lucirse por la sala de Parchís, donde estaban varias de sus amigas en plena clase de Nivel Pro.
El vestido ya tiene una gran cola en la lista de espera.
Gracias Maribel! No sabes lo felices que nos has hecho!!!