Una mañana, envié a la biblioteca central a Cherry y a Olivia para que llevaran un libro sobre tartas de manzana de todos los países a mi prejubilada amiga bibliotecaria.
Por supuesto, eligieron un modelito a juego porque no ceden en su intento de que todo el mundo piense que son hermanas.
La faldita de Cherry y el vestido de Olivia tienen los mismos cuadros escoceses del clan de los MacLobo.
Y a esa tela le hemos añadido lazos, medias, botas, gorros o boinas, todo de nuestro color favorito.
Cherry llevaba el libro en un bolso bandolera con flecos de la misma tela.
Se había peinado con raya a un lado y así su flequillo era más largo que nunca.
Olivia oyó un ruido espantoso al atravesar el bosque para llegar a la biblioteca central.
De repente, el profesor de Zoología Urbanística del área Metropolitana (menos silvestre imposible), apareció en su moto de doce cilindros contaminando acústica y ambientalmente la zona por donde ellas tenían que pasar.
-"Qué desagradable es ese profesor, qué orejas tan grandes tiene!"
-"Pues no le sirven para oírte mejor porque con el ruido de su moto, es imposible"
-"Y qué nariz tan grande tiene!"
-"Tampoco le debe servir para oler toda esa peste que sale de su tubo de escape!"
-"En fin, vámonos por este otro camino para llegar antes que él a la biblioteca central, a darle el libro de tartas a la bibliotecaria prejubilada".
Y colorín, coloradas, mis chicas llegaron muy conjuntadas.


