Para nada Clara se había perdido, de hecho estaba encantada viendo todas las florecillas y arbustos que hay en esta época del año.
las acacias dealbatas, (que aquí las llamamos Mimosas),
Yo me llamo Clara, y tú??
-Yo me llamo Irati y me has dado un buen susto, a mí que estaba aquí tranquilamente dando un paseo y admirando amanitas muscarias. Venenosas, claro.
-Ah, vale, pues perdona, no era mi intención. ¿Vives en esa puertecita de ahí detrás?
¿Cuántos años tienes? ¿A qué colegio vas? ¿Tienes hermanos? ¿Y mascota? ¿Cuáles son tus hobbies? ¿Te gusta jugar al escondite? ¿Y leer?, preguntó Clara olvidando de un plumazo todas las enseñanzas sobre comportamiento educado en una presentación que le habíamos dado en la Biblioteca.
-¿Cómo voy a vivir en esa puertecita que es como para Barriguitas? ¿No ves que no quepo??
Trece; a la escuela de mi pueblo; no; ya me gustaría; pasear por el bosque, comer gominolas, leer y hacer pasteles; sí, me encanta y ya te lo he contestado, respondió Irati escuetamente.
-Pues no sé si te apetece venir, pero a veinte yardas, un pie y tres pulgadas de aquí hacia el nordeste, está la Biblioteca Silvestre, donde yo vivo con un montón de chicas más, de varias nacionalidades y personalidades:
hay rusas, italianas, francesas, princesas, equilibristas, marineras, saltimbanquis, amantes de la moda y de los ositos de gominola. No hace falta que hables idiomas pero siempre ayuda.
Hacemos guerras de almohadas, fiestas en el jardín y por nuestros cumpleaños. Hay bandas de pelirrojas peligrosas y mucha camaradería.
Nos lo pasamos pipa a pesar del toque de queda, de los zafarranchos de organización de la Bibliotecaria y de sus pequeñas obsesiones con nuestro aseo personal...
Las asignaturas son muy variadas y este curso tenemos un módulo entero sobre las amanitas muscarias, así que yo creo que tú vivirías allí divinamente. ¿Te vienes??
Y tras un intervalo de cinco segundos, cuatro décimas y dos centésimas exactas,
Irati dijo SÍ!!
Irati dijo SÍ!!
